La promesa del 2020
El año 2020 prometía ser EL AÑO de la vida de la mayoría de las personas en el mundo, no sólo porque suena lindo decir veinte-veinte o porque era el inicio de una nueva década, sino porque como todos los años al comienzo, representaba la esperanza y la posibilidad de volver a empezar y hacer las cosas mejor.
Usted estableció metas, objetivos, creó sueños y planes e incluso se ilusionó con la idea de ser mejor que en el 2019, que da la casualidad fue un año retador para muchas personas.
Lo que no tenía ni siquiera contemplado era que un virus, invisible al ojo humano, iba a poner en pausa todo aquello que planeó. Y digo en pausa porque la vida no ha acabado, y si usted está leyendo esto, es afortunado: SU VIDA NO HA ACABADO.

La Pandemia
Covid-19 no sólo es una pandemia que compromete la salud física del ser humano, es también como ya todos y todas sabemos, un virus que vino a desafiar la economía, las rutinas, la salud mental y en general, la vida como la conocíamos.
Como es mi área de especialidad, me centraré en la salud mental y emocional.
Empezando por lo que hemos experimentado durante estos meses de confinamiento: ansiedad, angustia, incertidumbre, miedo, euforia, depresión, soledad, enojo, frustración, entre otras muchas cosas.
¿Recuerda cómo empezó esta cuarentena?
Es altamente posible que empezara creyendo que serían dos semanas nada más, motivado y motivada por estar en casa y poder tener tiempo para más cosas. Comenzó programando videollamadas con amigos, mostrando en redes sociales tus rutinas de entrenamiento, aprendiendo cosas nuevas, creando nuevos pasatiempos e incluso fortaleciéndose por medio de libros o podcasts.
¿Qué pasó? ¡Que nada salió como se creía, que el tiempo se alargó!
No está mal que ahora se sienta mal, que el agotamiento le esté ganando la batalla y que haya tenido ya alguna crisis emocional. Todo eso es válido, es real y es parte de ser seres humanos.
En ocasiones es posible que se sienta productivo y después esa sensación puede decaer, haciéndole creer que es un fracaso, que no está rindiendo y que no es suficiente para su trabajo, pareja, sus hijos e hijas, educación y como ser humano en general.
Mi recomendación principal: bajar la barra de exigencia.
Todos y todas estamos haciendo lo mejor que podemos con lo que tenemos, nadie nos preparó para un momento así.
¡Póngase a pensar! Somos seres sociales, necesitamos a otros seres humanos para mantenernos motivados, distraernos, disfrutar y crecer. No porque no podamos solos, sino porque fuimos creados para convivir y eso nos fue quitado (o extremadamente modificado).
Así que no está mal, no tiene necesariamente un problema. Simplemente usted está siendo afectado por un virus -pandemia- que nos llena de angustia y ansiedad por el porvenir, el cual se ve totalmente incierto.
Ahora bien, ya que quedó claro que no está mal sentirse así. ¿Qué le parece si le doy algunas recomendaciones?
Cabe destacar que no todas pueden servirle, ya que esto depende de la personalidad, los espacios, las dinámicas familiares y las posibilidades en general.
- Distribuya sus espacios en casa
De manera que pueda tener una habitación o espacio con una finalidad establecida y así no resulte tan cansado el pasar tiempo en casa. Ejemplo: evitar trabajar, estudiar, comer, dedicar tiempo al ocio/placer en el mismo lugar.
- Mejore el uso de su tiempo
Dedicando tiempo a todo lo que usualmente dedicaba, es decir: ejercicio, trabajo, comidas, familia, estudio, pasatiempos, mascotas, entre otros.
Es importante dedicar unos minutos al simple placer y hacer lo que le guste, simplemente por eso: porque le gusta y eso es relevante.
- Trate de mantener hábitos saludables
Como mantenerse físicamente activo con la aquella disciplina que más le guste y que más se le facilite. No debe ser mucho tiempo al día, sólo hacerlo.
Esto le ayudará a bajar niveles de ansiedad, mejorar el rendimiento y aumentar la sensación de bienestar mental y físico.
¡No olvide tampoco comer saludable y dormir las horas que sean necesarias!
- Exprese sus emociones
En estos tiempos, no es necesario que se detengas a pensar en los juicios de valor de otras personas, mucho menos medirse con la regla de otros.
Cada realidad es distinta, por lo que los retos y emociones también.
Anímese a expresar sus emociones, a llorar cuando sea necesario y pedir ser escuchado. Le recuerdo que está bien no estar bien.
- Dedique tiempo a desconectarse
De la manera que sea, regulando el tiempo que dedica a ver noticias y preguntándose ¿para qué? ¿qué obtendré de esto?
Salga a respirar (responsablemente y siempre tomando las medidas y precauciones que las autoridades mandan), intente practicar la meditación o el silenciar la mente por un ratito.
Y finalmente, y no menos importante: si siente que no puede solo o sola, pida ayuda.
El hecho de que nuestras emociones y pensamientos no sean tangibles no significa que no están ahí. Siguen generando peso, siguen silenciosamente afectándole y potencialmente desgastándole.
Estoy convencida de que, si dedica unos minutos a escucharse, autoevaluarse y se decide por empezar un proceso psicoterapéutico, va a poder salir de esto exitosamente. No significa que todo será “color de rosa”, significa que va a poder afrontar, que tendrá más herramientas.
¡En la vida, todo tiene tendencia a mejorar!
Le invito a seguir, a no rendirse, sea cual sea tu situación actual.