¿Existe tal adjetivo para una relación de pareja?

Más allá de idealizar una relación carente de conflicto, a lo que sí se puede aspirar es a tener una relación sana.

Las películas, novelas y en ocasiones las redes sociales, nos venden una idea de que la felicidad y la estabilidad se encuentran en vidas y relaciones carentes de problemas. Lo que puede llevar a que usted se cuestione incesablemente sobre la validez y “perfección” de su relación, e incluso que llegue a dudar de su propia felicidad.

Tener relaciones interpersonales sin fricciones es casi imposible. Esto porque todxs venimos de diferentes lugares, experimentamos distintas realidades y conocemos diferentes valores.

En ocasiones, también se tiende a reflejar en otros aspectos que son propios o incluso se ponen expectativas acordes a “lo que yo haría”, y es que, al ser seres humanos, todos estamos propensos.

Compartir su realidad personal con alguien más no necesariamente debe ser sencillo y carente de roces.

Las relaciones hay que cuidarlas y dedicarles tiempo para que funcionen y evolucionen.

El hecho de usted y su pareja no tengan discusiones o no haya alguna vez peleado, no garantiza que tengan una relación sana. Quizás esto puede ser señal de que no se saben comunicar y por ende evitan el conflicto a toda costa.

En cualquier pareja puede haber conflictos, desagrados y discusiones, incluso en aquellas que se consideran relaciones sanas.

Porque tener una relación sana tiene que ver con la capacidad que tenga la pareja para resolver conflictos, observando las cosas que se hicieron bien, así como las oportunidades de mejora que se vuelven evidentes.

Algunos aspectos que podrían indicar que se tiene una relación sana, o que permiten crear una relación saludable:

  1. Las discusiones no se perciben como el síntoma del fracaso inminente. Se perciben como puentes que llevan a mejores lugares
  2. Las discusiones se basan en el conflicto en cuestión, no en señalar a la persona y/o su familia como el problema
  3. No existen los absolutos tales como el “siempre, nunca, todo…”, ya que se entiende qué hay excepciones a estas situaciones y decir esto puede generar que el otro se defienda
  4. Cuando se comete un error y se perdona o se llega a un acuerdo sobre alguna situación, el tema queda ahí y no se utiliza como arma para dañar al otro a la mínima equivocación
  5. Conocer los valores que mueven al otro se vuelve indispensable, e incluso crear una lista de en conjunto que les permita transitar sobre el mismo rumbo, mirando hacia el mismo lugar
  6. Se respeta la existencia del pasado del otro, sin la constante necesidad de cambiarle para que sea como yo quiero
  7. Se asume la responsabilidad afectiva, la cual debe ser recíproca. Entendiendo que ser responsable con otra persona no solo implica decir lo que usted piensa o siente, sino también aprender a escuchar lo que el otro tiene para decir
  8. Los insultos no son necesarios, se conversa sin necesidad a recurrir a las palabras que denigran a la otra persona
  9. Se respetan los espacios personales de cada miembro de la relación, así como las decisiones que tome en relación con su vida personal

10. Se ama desde la libertad, no hay posesión.

Las relaciones perfectas no existen y la pareja perfecta tampoco.

Esto quiere decir que los conflictos existirán y que es en la gestión de estos conflictos en donde se puede trabajar para mejorar la convivencia de su relación.

No es del todo cierto que se da el 50-50 en una relación. En ocasiones el balance se ve como un 60-40, entendiendo que, al ser un equipo, el resultado positivo depende de dos.

Recuerde revisar su relación desde su realidad, no desde lo que los demás afuera le dicen que debe ser. La realidad personal es eso justamente: personal.

Yo con mucho gusto le puedo orientar. ¡Hablemos!

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