En ocasiones se tiene la errónea idea de que es absolutamente necesario estar mal o tener algún padecimiento para solicitar apoyo psicológico. Se etiquetan como locos, raros o débiles a quienes deciden velar por su salud mental y asistir a terapia.

Incluso, algunas personas que inician por primera vez un proceso psicológico van con vergüenza y sin decirle a nadie de su círculo social y/o afectivo que es esto lo que hará.

Se encuentra mucha información en la web que habla de motivos para asistir a terapia psicológica y la mayoría de ellos habla de situaciones que son altamente pesadas, fuertes o que generan resistencia en quien lo lee. No sólo resistencia, si no también temor por lo doloroso que puede ser.

Si bien es cierto, se habla de que es buena idea buscar apoyo psicológico cuando hay algún problema, dificultad, sensaciones extremas en lo que usted hace frecuentemente o alguna discrepancia entre lo que hace-dice-cree.

Así mismo, se recomienda asistir cuando los niveles de ansiedad o estrés se convierten en desbordantes, cuando hay un duelo no resuelto o la presencia de algún trastorno psicológico.

Todos estos aspectos y más, son valiosos y son, en efecto, motivos de peso para el inicio de un proceso terapéutico. Sin embargo, no son los únicos.

Ir a terapia significa que usted desea mejorar su condición de vida.

Y a la vez, significa que se puede hacer en cualquier momento, sin necesariamente esperar a que todo parezca patas pa’rriba.

Para ello es indispensable eliminar el estigma social -que todavía existe- alrededor de la terapia psicológica y comenzar a verla como un elemento más de salud, como una inversión a corto, mediano e incluso largo plazo.

Además de las razones que mencioné con anterioridad, existen otras que son también frecuentes y que se pueden pensar como “sencillas” y que no ameritan la búsqueda de apoyo y guía profesional. Aun así, son motivos válidos, reales y de peso que pueden ser las siguientes:

  1. Tiene que tomar una decisión importante y desea hacerlo correctamente
  2. Está en una etapa de su vida llena de cambios y transiciones, por lo que quiere aprender a adaptarse mejor al cambio
  3. Desea aprender a comunicarse mejor con su círculo social cercano
  4. No se encuentra seguro de estar haciendo lo que verdaderamente quiere
  5. Quiere aprender realmente a entender lo que piensa y siente en su diario vivir
  6. Desea establecer objetivos y prioridades en su vida
  7. Quiere mantener su motivación hacia cierta actividad que es importante para usted
  8. Desea tener relaciones afectivas que sean saludables y significativas
  9. Pretende mejorar como padre o madre
  10. Desea invertir en su salud de forma integral
  11. Quiere aprender a perdonar y seguir adelante con su vida
  12. Desea aprender a expresar mejor sus emociones y pensamientos…

Y así, muchas más razones para asistir a terapia.

La psicología es un gran recurso para potenciar sus habilidades, sus destrezas y cualidades personales. Le puede ayudar a mejorar sus relaciones y manejar todo tipo de situaciones que pueden empezar como una simple incomodidad y llegar a convertirse algo más grande si no se revisa a tiempo.

Quien asiste a terapia no es débil o debe sentirse avergonzado. Todo lo contrario.

Quien asiste a terapia entendió que era el momento para ponerse como prioridad y velar por salud no sólo física o financiera, si no también por la salud de lo intangible: las emociones y la mente.

Le invito hoy a que se ponga a usted mismo como prioridad. Su salud mental y emocional se lo agradecerán. No tenga miedo, acérquese.

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